- El Chelsea, con un sistema ultradefensivo, se proclama campeón de Europa tras vencer por 4-3 en los penaltis.
- Su portero, Cech, fue decisivo durante todo el encuentro.
Muchos
hablan de que su sistema es el del antifútbol, pero ya le gustaría a
muchos equipos ser como el Chelsea, sin cometer un error en 120 minutos,
o 180 si de una eliminatoria se trata, y con un ambiente en el
vestuario de amistad absoluta.
Y
tan encerrados jugaron los ingleses que la primera ocasión de la final
se produjo a los veinte minutos, cuando Cech y el larguero frenaron un
disparo de Arjen Robben, frustrado ayer.
En
los últimos minutos, las jugadas se alocaron, y Müller remató desviado
tras una jugada colectiva. Sólo un minuto más tarde llegó la única
jugada de toque inglesa en todo el partido. Los que con Villas-Boas eran
buscados y están relegados a un papel secundario ahora, de juego a la
contra, combinaron, Mata, Drogba y Kalou, que estrelló en Neuer su
disparo.
Las caras de los aficionados londinenses fueron de alivio cuando Proença, que estuvo espectacular anoche, pitó.
En
la segunda mitad no cambió, nada, el Bayern eléctrico en su juego, pero
sin gol, y el Chelsea, serio y trabajado. Ashley Cole robó un balón
fundamental nada más comenzar, pero tuvieron que pasar treinta minutos
para volver a ver un acercamiento.
El
técnico del Chelsea apostó por Fernando Torres, y a cinco minutos para
el final, un centro mágico de Mata fue rematado por Drogba para lograr
empatar un partido. Cosa rara el fútbol. ¿Cómo puede pasar un equipo de
no aportar nada, de un planteamiento defensivo a lanzarse al ataque y
encontrar el gol?
Ayer lo hicieron los visitantes, que les salió todo bien. Llegaba la prórroga, ese momento de transición hacia los penaltis que se puede convertir el la desdicha para un equipo o para otro. Y estuvo cerca de serlo para el Chelsea, ya que Didier Drogba cometió un error infantil al ponerle la zancadilla a Robben.
Pero antes de llegar a eso, los blues
vieron cómo Olic no llegó por poco a marcar en lo que podía ser un pase
o un tiro, y cómo de nuevo David Luiz les sacó de un apuro al despejar
un balón muerto en dirección a la portería, vacía en ese momento.
Los
ingleses firmaban la tanda fatídica y sólo Fernando Torres tenía fuerza
para arrastrar rivales, pegar a puerta o ir al ataque, y sin ayuda era
imposible.
Llegó el juez más injusto para algunos, el más emocionante para otros y el más odiadio por los hinchas de los protagonistas.
Allí
volvió a aparecer el meta checo, que frenó dos disparon decisivos,
hasta que la gloria estaba en manos de Drogba. No iba a fallar el
costamarfileño. El Chelsea era campeón, Abramovich respiraba tranquilo y
los jugadores festejaban mientras el espectro del maracanazo sacaba las lágrimas a los alemanes.
Di
Matteo es un brocker, al que, de momento, siempre le sale bien la
inversión, aunque a veces tenga que aparecer un héroe checo para
salvarla.
Chelsea: Cech, Cole, Cahill, D.Luiz, Bosingwa, Obi Mikel, Lampard, Kalou (Torres M.83), Mata, Bertrand (Malouda M.72) y Drogba.
Bayern: Neuer,
Lahm, Tymoshcuk, Boateng, Contento, Schwensteiger, Kroos, Robben,
Muller (Van Buyten M.86), Ribery (Olic M.96) y Mario Gómez.
Goles: 1-0, Müller, minuto 86, de cabeza. 1-1, Drogba, minuto 88, en un córner.
Penaltis. 1-0 Lahm, 1-0 Mata, 2-0 M.Gómez, 2-1 David Luiz, 3-1 Neuer, 3-2 Lampard, 3-2 Olic, 3-3 A.Cole, 3-3 Schwensteiger, 3-4 Drogba.
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